Nomadeando en Berlín. Arte dramático chileno en Kreuzberg: Adolfo Assor y el GARN Theater*- Por Álvaro Garreaud

Posted on Martes, abril 2, 2013

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Garn-Theater. Marzo/Abril de 2013

Tardes y noches de invierno en las que la actividad cultural de Berlín se expande hacia los interiores. Como en casi todos los aspectos de la vida social en Alemania, también en las expresiones artísticas el clima juega su papel catalizante. Durante el largo invierno, la ciudad se ilumina por debajo, desde abajo, hacia adentro de sí en innumerables y variados teatros, bares, espacios underground, cafés y centros de cultura alternativa en los que se puede participar de lecturas, exposiciones, performances, debates, instalaciones, ciclos de cine y de las más diversas expresiones teatrales.
Situado al centro de esta efervescencia expresiva, y desde mucho antes que Berlín se convirtiera en icono de las tendencias del arte contemporáneo alternativo, el Garn-Theater del chileno Adolfo Assor (Valdivia, 1945) ha creado un espacio expresivo de gran intensidad y rareza en la vida cultural de la ciudad. Cada semana, de jueves a lunes, a las 20.30, la función del Garn-Theater del sótano la calle Katzbachstraße N° 19, en el barrio de Kreuzberg, espera a sus fieles seguidores. Allí, desde hace más de 20 años, los montajes teatrales de Assor se han desplegado en una infinita e incansable actividad sobre el escenario: El seño de un hombre ridículo de Dostoievski (más de 500 funciones), Carta al Padre de Kafka (más 400 funciones), Intermezzo de Ionesco (más de 300 funciones), Diario de un loco de Gogol (más de 500 funciones), Informe para indiferentes de Radrigán (cerca de 300 funciones), el Loco y la Triste, también de Radrigán (más de 200 funciones), y la lista es aún más larga, si agregamos el Informe para una academia de Kafka, actualmente en cartelera, y de la que ha hecho también cientos de funciones. Desde 1987 este destacado actor chileno ha subido al escenario de su “creatura teatral” berlinesa para presentar montajes originales de Beckett, Dostoievski, de Ionesco, de los chilenos Jorge Díaz y Juan Radrigán, de Kafka y Gogol, de Artaud. Piezas de estos autores, trabajadas desde la permanente experimentación actoral han permitido a Adolfo Assor generar un espacio de intensidad dramático totalmente singular en la vida artística de la ciudad; espacio que ya forma parte de la historia reciente del teatro berlinés.
“Mi teatro – dice – proviene del teatro pobre de Grotowski, del teatro ritual, de la crueldad de Artaud, cuando subo al escenario sufro una gran transformación. Es malo para mí estar lejos de esta potencia escénica, ya que ella es parte de mi ser desde muy pequeño. Por eso tengo la sensación de que si no pudiese actuar de la forma en que lo hago, enfermaría rápidamente”.

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Llegada a Berlín

Assor recuerda que llegó a Alemania en febrero del 1986, para participar en el Teatro Estatal de Kassel (Staatstheater Kassel), en calidad de Hospitanz como asistente de dirección. Llegó a un gran complejo donde había por los menos 5 escenarios diferentes y donde había, además de teatro, ópera, ballet, conciertos, etc. En aquel año Adolfo recuerda que “justo en la época en que yo llegue cumplía Samuel Beckett 60 años y en este teatro se organizó un homenaje a Beckett y llegaron de todas partes del mundo grupos, actores y dramaturgos que trabajaban sobre diferentes facetas del teatro de Beckett y yo me empapé de este ambiente y de esta actividad.” Trabajó como asistente de dirección en innumerables montajes dentro y fuera de Alemania, pero era un trabajo demasiado pasivo para él:
“Al final, me ofrecieron un contrato, pero a mí no me convencía el ser asistente de dirección. Yo quería montar mis propios trabajos, quería, actuar, y actuar…y entonces viajé a Berlín a ver lo que pasaba en la escena de la gran ciudad. Y en ese tiempo había algunos chilenos en Berlín, sobre todo en Berlín oriental, trabajando en el Berliner Ensemble, el teatro que fundó Brecht. Me puse en contacto con ellos, pero fue difícil, sobre todo el hecho de yo vivir en West Berlín y ellos en Ost Berlín, era complicado. En Berlin se me hizo difícil esto de Ost Berlín y de West Berlín, me sentí de pronto atrapado en una ciudad amurallada y pensaba: pero que raro es esto, ahí está la DDR, allá está la DDR, más allá está también está la DDR, en todos los lados está la DDR, y yo decía, no, esto no puede ser, estoy encerrado en un manicomio. Y entonces, empecé a visitar los teatros, a las personas que conocía de Chile o de la que tenía alguna referencia, pero me di cuenta que era bastante difícil, además como mi alemán era bastante deficiente en aquel entonces, las posibilidades que me daba para trabajar como actor eran poco menos que cero. Y como yo soy una especie de bestia del escenario, no soportaba esa situación, estaba totalmente excitado interiormente, totalmente intranquilo y dije: bueno, tengo que encontrar una salida. Entonces, tuve le valor de fundar un teatro propio, claro, básicamente, de hacer mis cosas y de allí surgió cada vez con más fuerza la necesidad de hacer un monólogo tras otro. Así nació el Garn-Theater, con la intención de continuar la línea de trabajo dramático que yo había desarrollado en Chile, me era imprescindible un espacio propio donde experimentar con mi trabajo.”
Hacia mediados de la década de los ochenta, el trabajo de Adolfo Assor en Chile se había concentrado en conseguir una grado cada vez mayor de expresividad y de rebeldía dramática. En 1984 Assor llevó a escena El Castigo de Kafka, con un montaje experimental muy fuerte basado en el relato En la colonia penitenciara. Su singular expresividad le valió el calificativo de “montaje visceral” por parte de la crítica, y el premio al mejor actor del mismo año. Por esa misma época Assor trabajó también estrechamente junto al dramaturgo Juan Radrigán (Juanito como lo llama él), y se hizo figura conocida en el teatro político, especialmente por su trabajo en Informe para indiferentes junto a Jaime Wilson, en 1983.
“Juan Radrigán para mi siempre ha sido y sigue siendo un autor significativo que inmediatamente después del golpe militar, en los primeros años de la dictadura empezó a escribir un teatro que daba justo en el clavo, al centro de lo que acontecía. Radrigán tenía algo que expresar y la gente se sentía identificada con ese mundo que él mostraba en su teatro. Yo desde un comienzo me di cuenta que en el teatro de Juan había un enorme potencial y tuve interés y nuestro intercambio y amistad fue muy interesante. Siempre estaba como trasfondo mutuo: él me aprecia como actor y yo lo aprecio mucho como dramaturgo y eso ayuda, eso hizo que pudiéramos llevar a cabo un trabajo junto muy intenso, cuyo resultado más importante fue la puesta en escena de Informe para indiferentes. Esa obra la hicimos mucho en Concepción, en Santiago, salimos en gira para el norte, para el sur. Después es verdad que Juan tuvo un época, cuando acabó la era Pinochet, en la que el autor quedó sin saber exactamente qué hacer, sin encontrar completamente el punto. Me acuerdo que hace 7 años cuando fui a Chile y me encontré con Juan, y me dijo: “puta Adolfo, ahora soy un desconocido aquí, nadie me conoce…” hasta que se encontró nuevamente. Puedo mencionar de este re emerger del teatro de Radrigán una obra que para mí es excelentísima, titulada Beckett y Godot, en la que Beckett está en las últimas horas de su vida, luchando todavía con su mundo de fantasmas, de la espera de lo inminente. Y en ese estado viene Godot para cuidarlo y proteger al maestro. Es una linda obra. Para mí el teatro de Juan tiene algo muy interesante porque es visceralmente penetrante, en cosas bien sencillas, pero tiene una poesía y una profundidad increíble. Lo principal es que él consigue imágenes bien concretas con una poesía que podemos llamar popular.”
En este contexto de experiencias de actividad teatral bajo dictadura, las motivaciones de Adolfo Assor para venir a Alemania fueron fundamentalmente teatrales y políticas. Le interesaba sobre todo contrastar la experiencia de arte bajo el fascismo en Chile, con la que había ocurrido en Alemania y la forma que la gente lo expresaba:
“Yo quería conocer las raíces de este fenómeno del fascismo y del nazismo, en el fondo de las fuentes de lo dictatorial, entonces, ¿qué mejor? Alemania. Entonces me dije, pues me voy a Alemania para ver como es la cosa allá. Me puse en contacto con el Goethe Institut de Santiago, y ellos me ayudaron a conseguir una invitación y vine para acá, con ese afán, o sea, la observación y la experimentación del fenómeno dictatorial, y de la forma en que le gente lo elabora o lo elimina en términos de las consecuencias. Las consecuencias las pude constatar desde un comienzo, de partida nunca pensé que iba a tener tantos problemas con mi nombre: Adolfo, puuu!!! Adolfo era un nombre totalmente tabú, yo llegué el 86, ya?. En esa época yo me presentaba, Adolfo Assor, pero nunca era Adolfo, era Alfonso, Alonso, Alfredo, pero el Adolfo desaparecía inmediatamente. Era totalmente prohibido. Yo quería reflexionar sobre lo que pasaría en Chile, aunque era evidentemente otro fenómeno, pero me interesaba trabajar sobre esas cicatrices, entonces esa fue la motivación de venir, eso y todo lo relacionado con lo teatral. Yo estaba en la búsqueda de encontrar una nueva energía sobre el escenario, y a partir de mi experiencia teatral en Chile, me preguntaba cómo podíamos llegar más lejos.”

Devenir-animal, devenir-humano

La cartelera actual del Garn-Theater presenta Ein Bericht für eine Akademie (Informe para una academia) un monólogo sobre un texto de Franz Kafka. Esta obra corresponde a uno de los textos “animales” de Kakfa, de los que forma parte también su famoso cuento “La Metamorfosis” en el que Gregorio, su protagonista, se va transformando en un extraño animal. En el Informe, en cambio, Kafka explora la relación contraria, es decir, indaga sobre el devenir humano de lo animal, como aquello que estando ahí permanece excluido de toda expresión. La obra presenta la historia de un chimpancé capturado por la firma circense Hangenbeck en la Costa de Oro y traslado a Hamburgo. El Informe es un monólogo de un hombre que informa a los señores de la Academia, como de mono se convirtió en ser humano. Es un recuento de su paso de la animalidad a la humanidad. El ahora humano relata cómo durante la travesía marina, él comenzó a delinear una alternativa, un camino para salir de este cautiverio en el que se encontraba su naturaleza monesca: imitar a la gente. Kafka muestra este movimiento como un movimiento difuso en el que el mono se va deformando conforme imita los movimientos humanos, y lo hace decir:
“No tenía salida, pero tenía que conseguir una, sin ella no podría vivir. Siempre contra esa pared habría reventado indefectiblemente. Pero como en el circo de Hangenbeck a los monos les corresponden jaulas, pues bien, dejé de ser mono (…) Temo que no se entienda bien lo que para mí significa salida. Empleo la palabra en su sentido más preciso y más común. Intencionadamente no digo libertad. No hablo de esa gran sensación de libertad hacia todos los ámbitos. Cuando mono posiblemente la viví y conozco hombres que la añoran. En lo que a mí atañe, ni entonces ni ahora pedí libertad. Con la libertad uno se engaña demasiado entre los hombres, ya que si el sentimiento de libertad es uno de los más sublimes, así de sublimes son también los correspondientes engaños (…) No, yo no quería libertad. Quería únicamente una salida: a la derecha, a la izquierda, adonde fuera (…) Siempre las mismas caras, los mismos gestos, a menudo me parecían ser un solo hombre. Pero eso hombre, o esos hombres se movían en libertad. Un alto designio comenzó a alborear en mí. Ahora bien, nada había en esos hombres que de por sí me atrajera especialmente. Si fuera partidario de esa libertad a la cual me referí, hubiera preferido sin duda en océano a esa salida que veía reflejarse en la turbia mirada de esos hombres” (Kafka, Informe para una academia).

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Durante las sesiones de fotos que hicimos de la obra, tuve la sensación de un gran caudal que rebasaba el momento captado por la máquina. Las fotos de Assor sobre el escenario devolvían el carácter de imagen en movimiento a la fotografía, de fuga sin movimiento, de escape por intensidad. De esta manera, en su trabajo actoral Assor producía el sentido en la acción misma, en la acción de la imitación reversible, se mono a ser humano y viceversa. La sensación transmitida de absoluto cautiverio hace que la imitación sea sólo una superficie, una máscara o una impostura para aprender: “y aprendí, estimados señores. ¡Ah! sí, cuando hay que aprender, se aprende; se aprende cuando se trata de encontrar una salida. ¡Se aprende de manera despiadada!” (Kafka, Informe). La duplicación de lo humano en la naturaleza monesca, introduce un intervalo de intensidad que es una forma de fuga mucho más radical que el saltar hacia el océano donde la única liberación sería la muerte.

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Adolfo comenta sobre la pieza: “Para mí el Informe para una academia es casi como una especie de autobiografía, porque es la historia de un monito que vive feliz en su entorno, lo toman preso, se lo traen a Europa, lo instalan allí donde llegan todos los animales de todas partes de mundo en el zoológico Hagenbeck y de ahí los venden al resto del mundo. Bueno, tiene algo, lo que más me atrajo de la obra fue ese afán de la figura del mono de encontrar un camino, una salida, él antes se sentía completamente libre, de pronto fue apresado y esto lo obligó a encontrar un camino. Bueno, el camino que eligió fue un camino bastante difícil, pero además era el único que tenía por delante: comenzar a imitar a los seres humanos. A tal punto llegó en su desarrollo que un momento llegó a hablar mejor que los europeos, je je je, el idioma humano, ja ja ja. A mí me interesó esa figura, me sentí identificado con la figura, como el mono que fue apresado, se lo llevan y aquí tiene que encontrar un camino, un camino. Claro, uno llega a Europa, en mi caso a Berlín concretamente, y no conoce a nadie, están todos los caminos abiertos, pero en el fondo todos los caminos están también cerrados. Este cambio en mi vida hizo que sintiera un gran interés por esta obra y he hecho cualquier cantidad de funciones con ella, la he hecho muchas partes. En una gira que hice a Chile, hice funciones en Concepción, en Santiago, en Valdivia, que son la únicas presentaciones de esta obra allá, pero fue hace un tiempo atrás. También la he presentando en España, en Alemania en muchos lugares, en Suiza, Austria, y otros países.”

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Iluminaciones teatrales

Lo que Assor toma de Grotowski – y por esa línea del trabajo piscofísico que propone Stanislavskij – es sobre todo el trabajo de técnicas originales para el trabajo actoral, el trabajo psíquico y físico extremo del actor para lograr una relación de comunicación intensa entre él y los espectadores.
“Todo se concentra en un esfuerzo por lograr la madurez del actor que se expresa a través de una tensión elevada al extremo, de una desnudez total, de una exposición absoluta de su propia intimidad: y todo esto sin que se manifieste el menor asomo de egoísmo o autorregodeo. El actor se entrega totalmente; es una técnica del trance y de la integración de todas las potencias psíquicas y corporales del actor, que emergen de las capas más íntimas de su ser y de su instinto, y que surgen en una especie de transiluminación” (Grotowski, Hacia un teatro pobre)
Assor pone en movimiento la idea del actor-laboratorio de Grotowski en la que el actor debe llegar al máximo de control de sí mismo (gestual, vocal, psicológico, ritual) y simultáneamente crear la atmósfera de máxima comunicación con el público.
“De Artaud el Teatro de la crueldad fue un texto que me inspiró mucho, el otro fue el Teatro pobre de Grotowski, ambos fueron fundamentales para encontrar digamos la filosofía de mi teatro, el sentido. La noción de crueldad de Artaud muchas veces se manifiesta en mi forma de actuar sobre el escenario, puesto que esa crueldad expresa la esencia del alma humana, de nuestras contradicciones, de nuestros temores y fantasmas. Eso evidentemente es muy provocador, no es muy popular pero sí muy interesante. En esa dirección he trabajado yo, hacia la parte oscura y distinta”

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Difícil es reflejar en pocas páginas la historia del Garn-Theater, ese espacio de arte dramático chileno en Berlín. Pero, bien podría ser descrita como la historia de la pasión de un hombre por el teatro, aunque tal vez sea más justo mirarla a la luz del propio Informe para una academia que muestra estos días el Garn-Theater, es decir, como una salida. Un teatro creado y mantenido por la obsesión de un artista, en el que cada día se escenifica la relación del ser humano consigo mismo, en el monólogo de su propia inconsistencia, desde el rincón de lo animal y de lo negado, en donde la libertad se encuentra en el arte de construir un camino.

Berlín, 2013

* Adolfo Assor (1945, Valdivia, Chile) es actor, director y realizador teatral. Su larga carrera incluye puestas en escena que marcaron época durante los tiempos de la Dictadura Militar, como El Castigo de Kafka, en 1984 y el trabajo con el dramaturgo Juan Radrigán, en Informe para Indiferentes en 1983. En 1986 Assor se traslada a Alemania invitado por el Instituto Internacional de Teatro, para trabajar en el Teatro estatal de Kassel, donde participa de varios montajes. Su necesidad de estar sobre el escenario le lleva en 1987 a Berlín, donde Assor funda su propio teatro, el Garn-Theater, en el barrio de Kreuzberg. Al principio Assor comenzó trabajando en una cuarto de 5 metros cuadrados, 7 funciones a la semana, hasta que a golpes de talento y de tesón logró hacerse conocido. Desde entonces ha desarrollado en el Garn-Theater diferentes proyectos relacionados con la experimentación dramática centrada en su propio trabajo como actor. Además, Adolfo Assor ha participado en más de 22 películas de cine, y ha sido invitado a actuar en con otros grupos de teatro de Alemania y Europa. (http://www.garn-theater.de/, http://www.adolfoassor.de/)

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