Islas Malvinas. Por Diego Rivara.

Posted on Domingo, febrero 19, 2012

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¿Últimos vestigios colonialistas en América Latina?

A punto de cumplirse 30 años del comienzo y final de la Guerra de las Malvinas, los dos países en disputa del territorio reavivan, cada cual a su manera, el conflicto: el actual Gobierno argentino, apelando a todos los medios diplomáticos a su alcance; y el Gobierno británico, aprovechando la oportunidad para hacer gala de su poderío bélico y de su humor… acusando a Argentina de “colonialista”.

Cabe destacar que las Islas Malvinas no son el único enclave colonial en América Latina, y no solamente Gran Bretaña posee “territorios no autónomos”, eufemismo utilizado por el Comité de Descolonización de la ONU. Reino Unido posee actualmente siete colonias en Latinoamérica: Anguila, Bermudas, Islas Caimán, Islas Malvinas, Islas Turcas y Caicos, Monserrat y las Islas Vírgenes, que de vírgenes tienen bien poco pues unas son británicas y las otras pertenecen a los Estados Unidos (1).

Además encontramos territorios intermedios entre dependientes e independientes, que vendrían a ser los “dependientes no auto-gobernados”, como Aruba y Suriname (que dependen de los Países Bajos) y la Guayana Francesa.

La actualidad británica

Durante una sesión en la Cámara Baja del parlamento británico, el primer ministro, David Cameron, dijo que los reclamos argentinos por la soberanía de las Malvinas intentan afectar a los kelpers (actuales habitantes de las islas), que “quieren seguir siendo británicos”, y aseguró que su gestión “protegerá a la población de las islas y permitirá que ellos decidan por su futuro”. “Lo que han dicho recientemente los argentinos, diría que es mucho más que colonialismo, ya que esta gente (los kelpers) quiere seguir siendo británica y los argentinos quieren que ellos hagan algo diferente”, argumentó (2).

En este marco, la potencia europea apela a la autodeterminación de los kelpers. Este derecho, se refiere a grandes rasgos, a la potestad de un pueblo a decidir sus propias formas de gobierno. La verdad es que esto no es más que un atajo discursivo, ya que nunca hubo población nativa en las islas que quisieran independizarse, pero sin duda que es un argumento fuerte para el Gobierno inglés afirmar que los actuales habitantes de las Falkland Islands quieren seguir siendo británicos.

Hay otros malabares de los cuales siempre las potencias mundiales han hecho gala a la hora de tapar sus problemas internos. La defensa nacionalista que surge en este tipo de escenarios siempre tiene un trasfondo político. Por ejemplo, la Guerra de Malvinas en 1982, sirvió al gobierno de Margaret Thatcherd para salir de las dificultades en las que se encontraba debido a sus duras políticas sociales de corte neoliberal. En las elecciones de 1982 ganó con una de las más amplias mayorías en la historia británica. Esto le permitió sortear holgadamente todos los conflictos derivados de las políticas mencionadas, que se produjeron en los años subsiguientes y así seguir en el poder hasta 1990.

Los reclamos argentino le dan la escusa perfecta a Reino Unido para hacerse la víctima y alegar una supuesta “hostilidad” del país latinoamericano y para poner en marcha esta “pantalla de humo patriota” y así dejar en segundo plano los reclamos de la sociedad británica, dado los altos niveles de desempleo, otra vez el ajuste del gasto público y la gran inequidad social. Los disturbios de los últimos meses ponen en evidencia una negación del problema parte del poder político inglés. Esta violencia es también comprensible en el año de los Juegos Olímpicos, donde el despilfarro se hace evidente a simple vista.

David Cameron, primer ministro británico.

La tensión agitada por el gobierno inglés genera también la excusa para satisfacer la demanda de la industria militar. El plan de recortes genera una lucha entre distintos sectores de poder, entre ellos está el lobby militar inglés que busca que el gasto de defensa de no se reduzca. Y nada mejor que generar una tensión bélica para justificar la imposibilidad de bajar el gasto militar, que en Inglaterra ronda los 65 mil millones de dólares anuales, según el Instituto de Estudios para la Paz de Estocolmo (3).

Como siempre, todo se mezcla con el factor “money”, el cual también podría ser considerado como el condimento más importante de esta salsa. En el marco del nuevo escenario geopolítico actual, los hidrocarburos mueven el planeta y la producción de Gran Bretaña no ha parado de caer estrepitosamente en los últimos años. La demanda actual de crudo está al límite de lo se puede producir, obligando en el corto plazo a que Inglaterra se vuelva importador (4).

Las últimas novedades son que según el periódico Daily Mail la Marina británica enviará, además del destructor HMS Dauntless, un submarino nuclear a las Malvinas, el matutino aseguró que el envío ya fue aprobado por el primer ministro británico (5). A esto se le sumó la llegada del príncipe William, para cumplir seis semanas de entrenamiento como piloto de helicópteros de rescate.

La actualidad argentina

Después de haber desplegado durante los últimos años, todos los recursos disponibles para poner a Gran Bretaña al menos en la mesa de diálogo, el Gobierno argentino encabezado por la presidenta Cristina Fernández llega al 2012 con pocos resultados tangibles, después de un 2011 particularmente intenso. Ya pasadas varias resoluciones de la ONU, las cuales instan a ambos países a dialogar sobre la soberanía del archipiélago, la balanza sigue igual.

La única maniobra argentina (que hizo eco en los otros países vecinos), que generó un poco de malestar entre los ingleses, fue la decisión de impedir el ingreso a puertos latinoamericanos de barcos con la bandera “ilegal” de las islas. En el marco de la Cumbre de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) celebrada en Caracas, los países integrantes también se sumaron a este “boicot”. En esos días también la OEA (Organización de los Estados Americanos) declaró su apoyo a la Argentina. Además, la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) también consideró legítimos los derechos de Argentina en la disputa de soberanía con el Reino Unido.

Internamente, hay sentimientos encontrados con respecto al rol actual de las islas y su significado histórico. Todavía hoy sobrevive una generación que cuenta con excombatientes o soldados caídos en combate, por lo que la carga emotiva es muy grande aún. Obviamente es políticamente incorrecto disentir de la postura oficial de Argentina, no obstante, en la puja por el poder puertas adentro, hay sectores de los grandes medios de comunicación y de la oposición política que esgrimen ciertos argumentos que se podrían considerar “antiargentinos”. Igual, como en Inglaterra, el patriotismo barato y superficial también está a flor de piel.

Al igual que en Gran Bretaña, en la Argentina se trató de capitalizar políticamente la Guerra. La Junta Militar no democrática encabezada por Leopoldo Galtieri, trató de utilizar estos sentimientos para seguir perpetuándose y así tapar el genocidio contra compatriotas en la mal denominada “Guerra contra la subversión”. Hasta sectores de la izquierda, la poca que quedaba, apoyó esta desventura militar. Pero la derrota empeoró aún más la delicada situación económica y significó un severo golpe para la moral del país, la poca que todavía quedaba. Galtieri tuvo que renunciar a los tres días de la derrota y la Junta quedó herida de muerte. Un año y medio después el último militar entregaba el poder a Raúl Alfonsin, primer presidente elegido democráticamente desde el golpe de Estado de 1976.

Cristina Fernández, presidenta de Argentina.

Pero también en Argentina las promesas de grandes yacimientos de petroleo y gas deslucen un poco el reclamo soberano. Este país ya lleva años de decrecimiento de extracción de hidrocarburos en su territorio, y si a esto le sumamos el “boom de consumo” actual, la importación de este recurso aumenta y continuará aumentando año a año. Las pujas con las empresas petroleras en territorio argentino, en especial con la más grande YPF, son reflejo de la relevancia del petroleo y la complejidad de su situación actual.

Las últimas novedades son que la Presidenta argentina firmó la resolución en la que ordena la desclasificación del Informe Rattenbach, una evaluación crítica del rol de las Fuerzas Armadas durante la guerra. Además, el Gobierno denunció formalmente, ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, una militarización del Atlántico Sur.

La historia oficial

Las islas fueron descubiertas en 1520 por Esteban Gómez, capitán de uno de los barcos de la expedición de Magallanes, en este momento se consideró que pertenecían a España. Sin embargo, navegantes ingleses, holandeses y franceses llegaron a las islas en diversas oportunidades. En 1690, el capitán británico John Strong navegó por el estrecho que separa las islas, y lo llamó estrecho de Falkland en recuerdo de Anthony Cary, quinto vizconde de Falkland, quien había financiado la expedición de Strong. En 1764 hubo una ocupación francesa por parte de Luis de Bougainville, quien fundó el puerto de San Luis en la isla oriental. Los franceses llamaron a las islas Malouines, porque ese era el nombre dado a los nacidos en Saint Maló, el puerto francés de donde procedían. Los españoles obtuvieron el puerto de San Luis tras una serie de protestas y transformaron Malouines en Malvinas.

En 1765, una expedición inglesa llegó a las islas y las denominó Falkland Islands. En 1770, las fuerzas de ocupación inglesas fueron desalojadas por España, que reclamó la soberanía de las islas por vía diplomática. Cuando se creó el Virreinato del Río de La Plata en 1776, las Malvinas pasaron a depender de la gobernación de Buenos Aires.

En 1820, la fragata Argentina La Heroína fue enviada a Malvinas para tomar posesión definitiva de las islas. En 1829, Gran Bretaña reclamó su derecho de soberanía sobre las islas, adjudicándose su descubrimiento. En 1833 esta nación tomó las Malvinas bajo su dominio, expulsando a las autoridades criollas. Desde entonces, la Argentina no ha dejado nunca de reclamar la soberanía sobre el archipiélago.

Más allá de la propiedad territorial

¿En qué lugar nos paramos para poder analizar de forma transversal o a-territorial esta escaramuza sobre la soberanía de dos islas que parecen más de lo que son?

Que una de las potencias universalmente más colonialistas de la historia, afirme que Argentina lo es, parece ser un chiste malo ¿Pero lo es realmente? Parece lógico descartar esta hipótesis a priori por la procedencia de la misma. Pero Argentina reclama sobre un territorio que le es ajeno desde 1833, donde hay alrededor de 3000 habitantes que no quieren ser argentinos, y el cual no es una amenaza militar, por lo menos no a corto plazo ¿Acaso el centralismo de Buenos Aires no fue colonialista, robando territorios a Chile, Paraguay y los pueblos orininarios de la Patagonia argentina? ¿El actual reclamo soberano, no termina en cierto modo replicando los mecanismos colonialistas de los ingleses? ¿Qué haría Argentina si ejerciera la soberanía sobre las islas? ¿Cuán distinto sería su accionar respecto a lo que ha hecho el Reino Unido?.

Otro punto importante, es la pérdida de tiempo y recursos por parte de las autoridades en política exterior argentinas, las cuales no paran de elevar reclamos a la ONU. Cabría preguntarse hasta cuándo se legitimará el (no)papel de este organismo a nivel global, además al estar Gran Bretaña con derecho a veto en el Consejo de Seguridad, qué sentido tiene que una resolución o miles sean favorables a Argentina.

El Imperio sigue jugando sus cartas y apuesta a mantener el poderío naval en el Atlántico que logró y mantuvo en los últimos siglos formando, entre otras cosas, un triángulo estratégico entre las Islas de Ascensión, Santa Elena, Tristán Acuña y Malvinas (6).

Esta nueva farsa nos muestra que ningún reclamo es transparente, todos tienen una intencionalidad más o menos velada, la cual es materia de cultivo para los discursos y acciones políticas extremas y anacrónicas. La industria militar no tiene ningún reparo en hacer la guerra, pero admitir que hay tantos suicidios por traumas posteriores como muertos en combate, es un tabú entre victoriosos y vencidos. Sólo existen “excombatientes” o “héroes de guerra” que normalmente son usados como mercancía hasta que dejan de tener valor, y así se los tapa con la farsa de la “patria”. La mayoría de las veces el “patriotismo” se usa como arma de cohesión social, utilizada retóricamente por la elites para así convencer a los sectores más populares (7) que, al fin y al cabo, son los que siempre pelean y sufren la guerra.

Esta claro que las palabras que reavivan y cualifican este conflicto son totalmente anacrónicas pero lamentablemente poderosas y vigentes. ¿Quién posee un territorio, a quién le pertenece? Lo cierto es que a nadie le importa qué piensan los habitantes a menos que su opinión sirva para reafirmar la propia postura. Lamentablemente, poco importa el colonialismo mientras nos encontremos en el lugar del colonizador y no del colonizado ¿Hasta qué punto entonces podemos tomar partido por pugnas históricas que reproducen las lógicas de poder y soberanía de las cuales supuestamente desde hace 200 años nos intentamos liberar?

La invitación que intentamos lanzar con esta reflexión no apunta a desentendernos de los conflicto que nos imponen nuestros gobiernos, sino más bien a resignificarlos, a repensar los conceptos que se ponen en juego, a movernos respecto del lugar en que se nos quiere fijar, a ir más allá de un a favor o en contra, de un patriotismo o antipatriotismo, en definitiva, a construir lugares comunes que nos permitan pararnos más allá de estas fronteras nacionales, totalmente arcaicas, y transformamos nuevamente en sujetos que caminan, con derecho a transitar y traspasar territorios que deben dejar, de una vez por todas, de ser propiedad de algunos.

Freiburg, febrero 2012

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